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La Doctrina Tanzi o las nuevas formas del Estado neoliberal

Par Christophe Ventura  |  29 de julio de 2013     →    Versión para imprimir de este documento imprimir

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“No es concebible el Estado sino como forma concreta de un mundo económicamente determinado” Antonio Gramsci

Analizando las consecuencias políticas e ideológicas de las crisis económicas, Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la prisión señalaba que “podían conformar un terreno más favorable a ciertas maneras de pensar, de plantear y de resolver las cuestiones que implican todo el ulterior desarrollo de la vida del Estado” [1].

Es lo que acaba de confirmar – desde el punto de vista del pensamiento económico de las clases dominantes – la publicación de la obra Government versus Markets. – The Changing Economic Role of the State [2]. Su autor no es otro que el antiguo director del departamento de asuntos fiscales del Fondo Monetario Internacional (FMI) [3]. Vito Tanzi fue también subsecretario de economía y finanzas del gobierno de Silvio Berlusconi [4].

Arquetipo del personal altamente calificado de la oligarquía financiera, este fiscalizador de formación oficia desde hace tres décadas como asesor de diferentes gobiernos (una centena según su propia contabilidad) o como experto en organizaciones internacionales e instituciones bancarias: Naciones Unidas, Comisión europea, Organización de los Estados Americanos, Banco Mundial, Banco Central europeo, Banco Interamericano de Desarrollo, etc.

En su obra, cuya coherencia lógica ideológica vale la pena destacar, este intelectual, orgánico a las élites económicas y financieras aborda tres cuestiones fundamentales; ¿Cuál es el papel del Estado en la esfera económica? ¿Cómo debe ubicarse frente a los mercados financieros en un mundo globalizado? Partiendo de esta problemática Vito Tanzi va delineando podo a poco los contornos de la sociedad liberal del siglo XXI que visualiza como la imagen ideal de la fracción más avanzada y consciente de sí misma de la oligarquía económica y financiera.

El interés de esta demostración reside menos en la novedad de los principios enunciados por el autor (la mayor parte de los cuales se inscriben en los surgidos de la tradición liberal del Estado desarrollados a partir del siglo XIX) que en el hecho de que los actualiza y los re-agenda a la luz de la crisis financiera y económica del 2008/09 [5].

Conviene precisar al menos que la tesis central sobre los orígenes de la crisis financiera desarrollada por Vito Tanzi, se basaría según él en el hecho del endeudamiento de los Estados. Esta demostración, falsa, grosera y singularmente ideológica trata de aduanar la responsabilidad de los mercados financieros y del comercio especulativo. Sin embargo esta ruinosa debilidad del análisis no impide a la obra conservar un significativo interés en el plano ideológico. Ofrece efectivamente al lector una lograda elaboración desde el punto de vista del neoliberalismo sobre lo que debiera ser la reconfiguración del instrumento estatal ante la etapa abierta por la crisis del 2008/09. Este trabajo está dirigido a influir sobre quienes detentan las decisiones políticas, económicas y mediáticas.

Según el autor, la crisis financiera internacional ha debido su magnitud a dos razones cuya combinación demostró ser fatal.

En primer lugar los Estados habrían caído bajo el peso del enorme endeudamiento ocasionado por el financiamiento de los gastos públicos [6] debidos a los sistemas de salud, de jubilación o pensión y de desempleo insostenibles en el mediano plazo. Por esta razón se encontraron incapacitados para reaccionar de manera adecuada en un momento en que debieron intervenir inmediatamente para salvaguardar al sector bancario.

En segundo término el antiguo dirigente del FMI considera que la situación pudo degradarse debido a que el sector operaba por sí mismo – y opera siempre – en el marco de un sistema financiero internacional caracterizado por su funcionamiento tendencialmente anárquico, debido a la falta de coordinación entre los estados y a la falta de armonización entre sus reglamentaciones.

Según el autor, por más lamentable que sea esta situación sería en principio la consecuencia de un error del análisis y de la práctica de los Estados. Prisioneros de una cultura intervencionista en la economía, habrían considerado siempre que era su obligación paliar las “fallas de los mercados” interviniendo luego de los shocks. Ahora bien, un Estado “debería desplegar más esfuerzos e iniciativas para reducir los riesgos antes que para corregirlos, a posteriori, cuando se presentan situaciones problemáticas que pudieron ser evitadas”.Además “muchos mercados funcionan mal porque los gobiernos los autorizan a crear las condiciones que los conducen a esas disfunciones” precisa. De modo que “la crisis financiera y económica del 2008/09 indica que a pesar de la enorme expansión del papel del Estado (en la vida económica de la sociedad desde la post guerra) muchas de esas funciones básicas no han sido activadas o han sido mal activadas”.

A partir de ese postulado es cuando se inquieta por el hecho de que “el nivel medio de las deudas públicas de los países del G20. debería, con las actuales políticas, aproximarse al 120% del PBI en el próximo decenio” Vito Tanzi delinea los contornos del papel del Estado neoliberal en el sistema-mundo post 2008/09.

Según él el Estado tendría que cumplir tres funciones básicas: “asignación de recursos, redistribución del ingreso, estabilización de la economía”. El pleno empleo, el acceso al crédito, la lucha contra la pobreza y las desigualdades en las que los servicios públicos constituyen sectores que quedan excluidos de sus atribuciones o que deben tender a ser excluidos.

En las raíces de esta concepción se halla, en cuanto al Estado, la reafirmación de los principios constitutivos del pensamiento liberal: el gasto público y la redistribución de los impuestos conforman políticas ineficientes que ahogan el crecimiento y la innovación y fortalecen los intereses de determinados grupos sociales. Y eso en detrimento de todos: “Los programas públicos desarrollados por los gobiernos tienden a ser menos eficaces que los que surgen del sector privado” afirma Vito Tanzi “Las personas que toman las decisiones – los hombres políticos – las toman bajo presión popular o se hallan incitados a promover sus propios grupos de intereses o a sí mismas.” Precisa. Esta afirmación le permite al autor introducir una idea central que recorre, bajo distintas formas, toda la obra: la acción política y las elecciones democráticas constituirían obstáculos a la racionalidad y a la eficacia de la economía.. De modo que alentarían lógicas de clientelismo político y social perjudiciales para la buena administración de los recursos del Estado y de los contribuyentes. Para él los representantes de la soberanía popular actuarían como agentes demagógicos generadores de inestabilidad económica.

Y sigue: “En cuanto a aquellas (personas) que administran esos programas no son alentadas a reducir los costos y a ser más eficaces. Los programas gubernamentales no están subordinados a la disciplina que impone la competencia” Este argumento le permite desarrollar un análisis más global de la crisis de las deudas públicas: “La acumulación de importantes deudas públicas en muchos países y más precisamente, de las muy importantes futuras – provocadas por sistemas de jubilación o de retiro y de salud no financiadas – constituyen un claro ejemplo de la miopía estructural que caracteriza a los gobiernos y a los políticos”.

Nuestras sociedades sufrirían igual y paralelamente la “paradoja de la redistribución” Según Vito Tanzi “el prejuicio” habitual consiste en afirmar que un alto nivel de gasto público permite una forma de redistribución colectiva de los ingresos y una significativa reducción de las desigualdades, especialmente, cuando los servicios públicos son universales (y prestados a todos incondicionalmente). Pero el experto en derecho fiscal refuta este argumento. En efecto, en un mundo globalizado, la reducción de las desigualdades en los ingresos no debería ser una política conveniente. Cuanto más recursos invierta un país en una política de servicios públicos para el desarrollo de la socialización de las necesidades y de los riesgos sociales (educación, salud, jubilaciones, desempleo, etc) menos garantizado estaría en realidad su potencial crecimiento económico en el largo plazo.

De modo que la inversión pública en la economía y en la sociedad, como también la captación impositiva de una parte significativa de los ingresos de los hogares y de las empresas frenaría, en efecto, la iniciativa privada y la competitividad en el terreno de la competencia internacional. En el mismo sentido las políticas públicas, les quitarían a los actores económicos sus capacidades de innovación y sus yacimientos de actividades.

Tal es la razón, por la que según el autor, las economías planificadas no han sobrevivido a su confrontación histórica con la economía de mercado. Además existiría otro problema inherente a las economías en las cuales el poder público ocupa un lugar significativo: una gran parte de los fondos movilizados sería siempre: “chupada por quienes proveen los servicios (maestros, funcionarios, enfermeras, médicos, etc) por causa de sus salarios pero también por su ineficacia” (…) De modo que el gasto público se halla a menudo acompañado de la ineficiencia, materializada en rentas para los proveedores de los servicios” Esta noción de “ ineficacia” no implica en Vito Tanzi, un juicio moral. Por una parte se produciría mecánicamente por la inexistencia de la competencia en el sector públicos y por otra parte por la falta de estímulos para la adopción de lógicas reducciones de costos, especialmente en el seno de la administración y de las estructuras auxiliares del Estado.

En conclusión la miopía estructural de los Estados, la captación de sus funciones y de sus recursos por grupos de intereses y las contingencias políticas (elecciones democráticas) gravarían in fine, el futuro de los ciudadanos y de la sociedad.

¿Cómo construir, entonces, en estas condiciones y sobre la base de la experiencia 2008/09 otra clase de Estado y otorgarle los medios para cumplir con estas tres misiones principales (asignación de recursos, redistribución de los ingresos y estabilización de la economía)? Todo esto, además ¿en un nuevo contexto caracterizado por la emergencia de un sistema financiero internacional que se desarrolla más allá de la propia lógica territorial del Estado?

En principio le incumbiría a este último estimular la vuelta a un desarrollo del crecimiento económico interno (el de los mercados internos) Y esto a través del establecimiento progresivo de una sociedad del ingreso, que les permitiría a los individuos disfrutar tendencialmente de la totalidad de sus ingresos sin ser – o muy poco – “puncionados” por el Estado a través de los impuestos. Esta sociedad ideal-tipo debería sustituir gradualmente a una sociedad de la socialización (de los servicios públicos) juzgada costosa, ineficaz, insostenible y destructora del crecimiento en un mundo globalizado.

Esta perspectiva, basada sobre la puesta en práctica de una política de reducción del gasto público [7] y de los impuestos – permitiría “liberar” la disponibilidad de ingresos para cada individuo que de ese modo podría conseguir en el mercado los servicios que necesita (cobertura de riesgos, salud, educación, etc.).

Pero además, de ahora en adelante, y esto constituiría un hecho nuevo, esta lógica podría no solo desplegarse en el seno de los tradicionales mercados nacionales redinamizados por una nueva forma de organización económica y social, sino también en los mercados internacionales irrigados por el sistema financiero mundial. Y el autor descubre nuevas tendencias que convalidarían este análisis: “La globalización (…) podría permitir a los países utilizar (…) el desarrollo alcanzado por los amplios mecanismos internacionales de transferencias de dinero para facilitarles la compra de servicios necesarios a su protección social, a precios muchos más accesibles que los de su propio territorio” Y luego precisa “Por ejemplo el turismo médico se ha desarrollado mucho en estos últimos años permitiendo a los ciudadanos de los países ricos adquirir prestaciones de salud, caros en sus países, a precios asequibles y de aceptable calidad en países más pobres como la India. En otro orden de cosas, otros países como el Reino Unido, se han convertido en grandes exportadores de servicios en el terreno educativo. A largo plazo, podría comprarse en el extranjero la salud de los mayores (o también la de los presos) en calidades aceptables y a menores costos”.

De modo que la sociedad del ingreso mundializado, emancipado del sofocamiento estatal permitiría asegurar la protección social de los ciudadanos: “La abolición de los programas gubernamentales, mediante la reducción de las expensas públicas disminuiría de modo progresivo y significativo la necesidad de cobrar altos impuestos” – estima Vito Tanzi – “Esta reducción de la recaudación fiscal se traduciría en el correspondiente aumento, presente y futuro, del ingreso disponible por la mayoría de los ciudadanos. Estos mayores aumentos les permitirían a muchos de ellos utilizar sus recursos para comprar en el mercado (interno o externo) servicios (entre los de protección de los riesgos económicos) que hasta ese momento, compraban indirectamente al gobierno con sus elevados impuestos,” concluye.

Sin embargo el autor anticipa que este tipo de sistema, concebido para satisfacer prioritariamente a las clases medias y dominantes – y cuya aparición dependerá de la adhesión y del consentimiento de estas – producirá algunas dificultades en la gestión política y social de las clases subalternas y pobres de la sociedad. “Es preciso reconocer que algunos ciudadanos serán tan pobres o discapacitados como para no poder comprar los servicios por sus propios medios” concede y agrega “Deberán ser provistos gratuitamente por el Estado”

Se revelan así los principios de un nuevo “modelo social” neoliberal. Se trata en primer lugar de reemplazar la universalidad de los servicios públicos y las prestaciones sociales por la equidad [8]“En el nuevo mundo, el gobierno deberá proporcionar a los verdaderos pobres que lo merezcan (los que son objetivamente incapaces de trabajar), los medios financieros que les permitan comprar en el mercado los servicios esenciales básicos que hasta entonces obtenían gratuitamente del Estado” afirma el autor “La puesta en marcha de controles administrativos (que confirmen el estatus de “pobre meritorio”) podría ayudar a lograr este objetivo. De este modo se transformará el papel del estado. De proveedor de servicios universales caros, disponibles para todos los ciudadanos, ricos o pobres, el Estado se convertirá en proveedor de servicios determinados y tal vez en tutor financiero de los pobres”

Esta concepción se basa en el apoyo al desarrollo de formas privadas y comunitarias de solidaridad social. De modo que las iglesias, las ONG, las comunidades de ciudadanos libremente organizadas deben convertirse en los principales actores. Por otra parte, este modelo comunitario privado debe ser impulsado a producir el “bien común” para los miembros de uno u otro grupo. Y el antiguo administrador del FMI se entusiasma con la idea de que en los EE.UU. “casi el 20% de la población (alrededor de 60 millones de personas) desarrollan actividades sociales en comunidades privadas organizadas (asociaciones de propietarios, cooperativas, zonas residenciales privadas, etc.). Estas organizaciones producen para sus miembros “bienes públicos” (seguridad, piscinas de natación, sistemas de recolección de residuos, alumbrado público, otros servicios compartibles, etc.) Para ellos se trata efectivamente de “bienes públicos” que consumen gratuitamente, pero que son financiados colectivamente o en forma privada. No se utiliza ningún agente público en estos bienes públicos”

Poco a poco este nuevo modelo de sociedad va tomando forma ya que se trata de un agente de progresiva transformación económica y social de las sociedades nacionales hacia sociedades del ingreso, en que el Estado debería asegurar y fluidificar los flujos entre los mercados internos, los mercados externos y el sistema financiero internacional. La consolidación de todos los actores dependería de dos factores.

En primer lugar, una nueva dinámica de acumulación basada en la ampliación de los sectores de la vida social (salud, educación, riesgos sociales, etc.) de los que se hagan cargo los mercados y sus operadores.

En segundo lugar, la estimulación estatal de permanentes transacciones entre los operadores internacionalizados (bancos, compañías de seguros, fondos de pensión, fondos soberanos, multinacionales, etc.) y de las masas de población organizadas alrededor de la gestión individualizada de los ingresos disponibles.

Dentro de este esquema el Estado constituiría una especie de cordón orgánico, operador al mismo tiempo de enlace entre las poblaciones y los mercados internacionales y de una serie de puestos de vigilancia para el buen funcionamiento general del sistema.

Para lograrlo, el Estado debería aumentar sus competencias en la gestión preventiva de la seguridad de los mercados. Ese ”debería constituir el principio fundamental que guiase el papel del Estado en la economía” afirma Vito Tanzi “ La retracción del Estado de su carácter de actor económico debe hallarse acompañada por un fortalecimiento de su responsabilidad para permitir el mejor funcionamiento y la mayor transparencia de los mercados” agrega.

Se trataría de acrecentar la capacidad normativa – y si fuera necesario coercitiva – del Estado: lucha contra los monopolios, control del tamaño de las entidades financieras y bancarias, formulación de nuevas normas y exigencias relacionadas con las informaciones vinculadas con los actores económicos y los operadores financieros [9] autorizaciones a los operadores sobre el mercado y posibilidad del retiro de licencias cuando no se respeten las reglamentaciones, armonización de estas últimas, “establecimiento de un marco político y jurídico definiendo la economía de mercado y señalando las fallas del mercado que deberían corregirse”, fortalecimiento de la posibilidad de recurrir a las garantías de los Estados para alentar a invertir a las empresas, etc.

Convendría también que los Estados gerencien paralelamente las “externalidades negativas” del sistema internacionalizado. El autor detalla la lista: drogas, criminalidad, conflictos, terrorismo, inmigraciones, cambio climático, contaminaciones, catástrofes naturales, etc. Y precisar también que “Hasta ahora el debate sobre el papel económico del Estado, había sido planteado país por país (…) La hipótesis implícita consistía en encarar su papel en el marco de las propias fronteras (…) (De ahora en más) los desbordes (en las acciones) se multiplican debido a las actividades financieras inter países de los sectores financieros de cada uno de los estados. El desarrollo de las acciones va más allá de los límites impuestos por sus propios territorios a los gobiernos nacionales. Este componente global [de la vida de cada uno de los estados] se ha vuelto progresivamente cada vez más importante (…) En cierto modo los países se han vuelto espacialmente más pequeños pero las externalidades inter países y la conectividad entre todos se han vuelto mayores”

Los desafíos globales se han desarrollado al mismo tiempo que el acrecentamiento de las nuevas interdependencias económicas y financieras interestatales. Por tal motivo, se necesita una política de estabilización global, basada en la coordinación y el acrecentamiento de la cooperación entre los Estados. Para el autor, estos últimos deben comprometerse, de ahora en adelante, a profundizar las misiones atribuidas – y los medios otorgados – a los encuentros internacionales temáticos de los Jefes de Estado y de Gobierno (G8, G20, Naciones Unidas, OCDE, etc.). Solo debería ser resorte nacional, la política de redistribución de ingresos (en función de los equilibrios internos logrados por la reducción del gasto público y de los impuestos).

Se trataría de asumir colectivamente un “papel global”. Y frente a las externalidades negativas del sistema – entre ellas la persistencia de la pobreza en algunos países y el desarrollo de las desigualdades de acceso a las riquezas y a los recursos para todos – “ciertas respuestas necesitarán (asimismo) (nuevos) gastos que podrán transitar a través de organizaciones internacionales o ser proporcionadas directa y globalmente por los gobiernos a los países más pobres. Otras propuestas procederán de la puesta en marcha de acuerdos internacionales que podrán – o no – hallarse acompañados de regulaciones específicas” (…) [En algunos sectores se necesitarán nuevas formas impositivas]. Por ejemplo impuestos ambientales y posiblemente algunos otros sobre las actividades de los mercados financieros de manera que el peso impositivo equilibre el de los demás sectores económicos – admite el autor – “Son efectivamente controvertidos algunos temas relacionados como por ejemplo el de los dirigentes de los fondos de pensión o el de otros millonarios que se enriquecen en los mercados financieros y que pagan, en períodos similares, muchos menos impuestos sobre sus ingresos que el taxista que los llevan al centro y que no son una buena propaganda para la economía de mercado o el de los gobernantes que han dejado desarrollarse las desigualdades “ concede.

De manera que con esta obra, Vito Tanzi, nos muestra una vez más que cuando sus intereses fundamentales se ven amenazados por la crisis del propio sistema o por el rechazo de una parte creciente de la población, la burguesía es capaz de pensar en movimientos – con el objeto de optimizar el sistema – y aún hasta de aceptar cambios en las relaciones sociales (mediante reformas) siempre que el marco básico del mismo no sea puesto en tela de juicio. Es en tal sentido que elabora su reflexión sobre el Estado del siglo XXI. Este debe constituir in fine el instrumento que permita alcanzar, a corto y mediano plazo, tres objetivos estratégicos; removilizar a los responsables del sistema frente a la crisis de este último, racionalizar la situación general, optimizar el sistema para perennizar su reconducción y la del orden internacional.

Independientemente de las objeciones fundamentales que se le podrían hacer a las concepciones de Vito Tanzi, es forzoso reconocer que el tema del Estado se halla en el centro de la removilización ideológica, política y económica de las fuerzas dominantes.

¿Lo es también para quienes afirman que quieren terminar con el dominio financiero y salir del capitalismo, especialmente en el seno de los movimientos sociales internacionales y de una parte significativa de las fuerzas de la izquierda política?

Existen ya algunas líneas de reflexión que se manifiestan en los debates relativos a la desmundialización [10] o desglobalización pero todavía sus desarrollos necesitan ser profundizados (especialmente en lo referente a la definición de un modelo alternativo de producción y de consumo) como también en lo relacionado con la articulación del control de los medio de producción [11] por parte de los trabajadores

Estos temas deben ser profundizados para que los actores políticos, sociales e intelectuales de la transformación puedan construir un proyecto político capaz de incentivar la solidaridad en el conjunto de las fuerzas sociales dispuestas a movilizarse contra el ideal oligárquico y el capitalismo financiero.

 

Traducción : Susana Merino

Notas

[1] Leer Antonio Gramsci, Guerre de mouvement et guerre de position, La Fabrique, Paris, 2012. Textes choisis et présentés par Razmig Keucheyan.

[2] Vito Tanzi, Government versus Markets. – The Changing Economic Role of the State-. Cambridge
 University Press, New York, 2011.

[3] Entre 1981 et 2000

[4] Entre 1981 et 2000

[5] La obra presenta también un estudio histórico del papel del Estado en la esfera económica en los siglos XIX y XX, como también un análisis del modelo estatal escandinavo. Estos aspectos no han sido tratados en este artículo.

[6] Según el autor, entre 1913 y el 2000 se habrían multiplicado por cuatro en el PBI de los países industrializados.

[7] El autor considera que en el futuro no debería exceder al 35% del PBI en los países industrializados.

[8] Para un análisis y una crítica de este tema, leer a Serge Halimi « Contre l’équité », Le Monde diplomatique, diciembre 2010 (http://www.monde-diplomatique.fr/2010/12/HALIMI/19922).

[9] Especialmente sobre las clases de prestaciones, la naturaleza de las inversiones y de los riesgos, etc.

[10] Para conocer una síntesis de las posiciones sobre la desmundialización en el seno de la izquierda y del movimiento altermundialista, leer Démondialiser? Louis Weber (coord.), Editions du Croquant/Espaces Marx, collection enjeux et débats, Paris, 2012.

[11] Leer Pierre Rimbert, « L’histoire de repasse pas les plats », Le Monde diplomatique, avril 2012.





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